lunes, 22 de diciembre de 2014

PROGRAMA DE LA SEXTA EDICIÓN DE LA CÁTEDRA "FRANCISCO PALAU": CONGRESO PALAUTIANO-TERESIANO 20-22 de Marzo, 2015

Con un cordial saludo en la proximidad de las fiestas de la natividad del Señor, presentamos el programa del sexto curso de la
Cátedra Francisco Palau. 

  • Este año reviste un carácter muy especial por su coincidencia con el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa. Por este motivo se trata de un congreso teresiano-palautiano. Como podéis ver en la programación, se ofrece algunas novedades como los talleres o comunicaciones de libre elección y la visita guiada al museo teresiano.

  • Continuaremos con la participación on-line, ya que el pasado curso no se detectó ningún fallo considerable y quienes se inscribieron pudieron seguirlo sin incidentes; ya sabéis que además las conferencias permanecen un mes en la red para que podáis bajarlas, verlas y escucharlas cuando os vaya mejor. 
  • Nos acompañarán en la reflexión, el celebrar y el compartir:      
  • Miguel Márquez, ocd; Secundino Castro, ocd; L. Javier Frontela, ocd; Ester Díaz, cm; Fernanda Villanueva, cmt; José Vicente Rodríguez, ocd; Ana Mª Díaz, cm; Mª Dolores Jara, cm; Irene Obradors, cm; José Manuel De Paco, cms; Gracia Navarro, cm;  Leonor Caracois, cm; Gabriel Castro, ocd;  Esperanza Izco, cm y Mons. D. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila. 

  • Os esperamos con mucha ilusión y ganas de compartir la herencia teresiana que recibió y nos legó  Francisco Palau. 

Todos los detalles se pueden ver en el programa adjunto.

El Equipo coordinador de la Cátedra




lunes, 10 de noviembre de 2014

"DE LA VIDA Y LANCES DEL P. PALAU" (Diario de Ibiza)

 

 

Buscando un sitio tranquilo, encuentra refugio en es Cubells, donde construye una ermita, alternando sus misiones por toda la isla con sus retiros en una cueva del Vedrà que le descubren unos pescadores y en la que hará vida contemplativa y elaborará sus mejores textos 

Antiguo convento de Santo Domingo, donde el padre Palau hizo su primera predicación.
Antiguo convento de Santo Domingo, donde el padre Palau hizo su primera predicación.  TONI POMAR



 
 


El presente texto y los que seguirán en próximos días han podido elaborarse a partir de algunos libros: ´Francisco Palau e Ibiza´, ´Textos Paulatianos´, ´Una figura carismática del siglo XIX´ y ´Francisco Palau i Quer, una pasión eclesial´; también he tenido en cuenta los comentarios que del personaje han hecho el Archiduque Luís Salvador, E. Fajarnés, Joan Marí Cardona y Eulogio Pacho, así como las anécdotas y recuerdos de algunos vecinos de es Cubells y, muy especialmente, la documentación aportada por las Hermanas Carmelitas Descalzas en Ibiza y por el Convento de Vallcarca y la parroquia de San Agustín en Barcelona. A todos ellos mi más sincero agradecimiento.

IBIZA | MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ
La convulsión local que, desde el punto de vista socio-religioso provocó el padre Palau en Ibiza con sus prédicas en la ciudad y en casi todos los pueblos de la isla, su retiro en una cueva del Vedrà y en la ermita de es Cubells que muy pronto se convirtió en santuario mariano, así como el hecho de su fundación de las Carmelitas Misioneras hoy extendida en veintidós países y su posterior beatificación, todo ello, me lleva a dedicarle unos textos que aparecerán en las entregas que hoy iniciamos con un recorrido cronológico por su accidentada biografía. En próximos artículos hablaremos de su particular perfil humano y, por así decirlo, de su vida y milagros que, como el lector comprobará, no tiene desperdicio.
Francisco Palau i Quer nace el 29 de diciembre de 1811 en Aytona (Lleida), en el seno de una modesta familia de agricultores en la que le preceden seis hermanos y le siguen otros dos. Son momentos difíciles porque la situación del país se ha complicado con la invasión francesa (1808-1814). El chaval apunta maneras y entre 1828 y 1832 lo encontramos en el Seminario de Lleida cursando estudios de Filosofía y Teología, años en los que conoce la vida de los Carmelitas Descalzos y decide seguir a quienes considera sus maestros, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. El 15 de noviembre de 1833 viste el hábito de Carmelita, profesando en el convento de San José, en las Ramblas barcelonesas. No mucho después, el 25 de julio de 1835, la marea revolucionaria y anticlerical incendia los conventos y, exclaustrados los frailes, Francisco, vestido de paisano, huye y al tratar de ayudar a un religioso anciano incapaz por sí mismo de escapar de las llamas, no puede evitar que las hordas lo cojan, de manera que, por un tiempo, da con sus huesos en las mazmorras de la Ciudadela. Finalmente puede salir y se refugia en unas cuevas cercanas a su pueblo, Aytona, donde hace vida contemplativa al tiempo que ayuda en la parroquia de San Antolín.
El 2 de abril de 1836, viendo imposible recuperar su vida en el claustro carmelitano, pasa al clero secular y, aprovechando un periodo de bonanza, es ordenado sacerdote en la catedral de Barbastro. Durante un tiempo, bajo la dominancia carlista, se entrega a la predicación de misiones populares en diversas parroquias del Principado pero, tras la derrota carlista en Berga, para los eclesiásticos vienen mal dadas y llega un momento en que, viendo peligrar su vida, se exilia en Francia, donde, entre 1840 y 1851, hace vida contemplativa en la región de Montauban, en unas grutas cercanas al castillo de Mondésir y el monasterio de Livron.
Los párrocos de la zona no ven con buenos ojos que les robe clientela con sus enfebrecidos sermones y denuncian su intromisión a las autoridades civiles y policiales que le presionan para que ahueque el ala, cosa que finalmente consiguen: tras once años de exilio, en 1851, regresa a Barcelona, incardinándose pastoralmente en la Iglesia de San Agustín donde crea la ´Escuela de la Virtud´, un centro catequético para adultos que tiene un enorme impacto en los medios culturales, religiosos, políticos y sociales de la Ciudad Condal, circunstancia que levanta recelos en los sectores revolucionarios y anticlericales que, en 1854, con el pretexto de que la Escuela es un centro reaccionario que solivianta a las masas y las lleva a la huelga, es clausurada, siendo su director confinado en Ibiza.
El padre Palau llega a la isla calumniado, perseguido y vigilado, y en ella estará entre 1854 y 1860. Buscando un sitio tranquilo, encuentra refugio en es Cubells, donde construye una ermita, alternando sus misiones por toda la isla con sus retiros en una cueva del Vedrà que le descubren unos pescadores y en la que hará vida contemplativa y elaborará sus mejores textos. Su fama crece, le acompañan en su destierro otros dos hermanos venidos de Barcelona, construyen una capilla y es Cubells se convierte en un centro de peregrinación. Pronto se le reclama en Menorca y Mallorca, y entre 1860 y 1861 pone en marcha el Carmelo Misionero a partir de la fundación de Ciudadela. Al año siguiente, lo vemos en Cataluña, tratando de ampliar y consolidar su obra fundacional en Els Penitents y Santa Cruz de Vallcarca (Barcelona). El año 1864 es especialmente movido porque predica misiones en las islas y en Cataluña, muy especialmente en Ibiza y en Barcelona. Son tiempos de intenso trabajo pastoral y es entonces cuando practica exorcismos, actividad que levanta suspicacias hasta el punto de que se le llega a encarcelar como practicante ilícito de la medicina. Todo ello le obliga, el 1866, a ir a Roma para dar explicaciones y allí pasa varios meses que aprovecha para regular su obra fundacional. En enero de 1867, el Comisariado Apostólico le nombra Director de los Terciarios del Carmen y Procurador del Carmelo Teresiano. Pasados tres años, vuelve a Roma con ocasión del Concilio Vaticano I y dos años después, entre enero y marzo de 1872, redacta y publica las Reglas y Constituciones de la Orden Terciaria de Carmelitas Descalzos que se imprimen en Barcelona.
Sus últimos años los consume en ordenar la vida de sus fundaciones, sin olvidar la predicación ni la vida contemplativa como lo prueban sus retiros en Santa Cruz de Vallcarca y, sobre todo, en su cueva del Vedrà. Pero la penitencia rigurosa y la actividad febril de aquellos años le pasa factura y, finalmente, después de ayudar a las hermanas del convento de Calasanz (Huesca) que están trabajando con apestados, enferma, es trasladado a Tarragona y allí fallece el 20 de marzo de 1872. El proceso para el reconocimiento oficial de su santidad arranca el 1947 y culmina, con su beatificación, el 24 de abril de 1988.

En la octava de los Santos sigamos recordándolos y meditando sus virtudes....

 

 

Los cuadernos del padre Palau

Muy dado a la hipérbole... Amante del lenguaje dialogado, simbólico y figurativo, se ayuda de continuas imágenes que, en ocasiones, acompaña con dibujos hechos a lápiz

 
 
 
MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ
No cumplí mi palabra de reflexionar con ellos porque leyéndolos me dormía. Por no defraudar a mi proveedora espiritual, en vez de devolverle el material, lo guardé en una caja de cartón. Años después, abandonada mi aspiración a la vida religiosa por desencanto y con ocasión de una visita nostálgica al convento de es Cubells, repetí la petición –esta vez por curiosidad– y obtuve otros dos libros y papeles de la Positio, el proceso de beatificación de Francisco Palau i Quer. Y ha sido ahora, mucho después, cuando al tratar de tirar por la borda libros de patrística y exégesis que me estorbaban, me he topado –por decirlo así– con la vida y milagros del padre Palau. Estuve en un tris de deshacerme de ellos pero, después de leer algunas de sus cartas, ya no pude parar. En las notas que siguen doy cuenta de aquella lectura y de la que hice de algunos otros escritos.
Para empezar y situar al lector, conviene advertir que los Textos Palautianos tienen ya publicados 8 volúmenes y que mi lectura se ha limitado sólo a 5 libros: ´La lucha del alma con Dios´, el opúsculo ´La vida solitaria´, ´La Escuela de la virtud vindicada´, ´Mis relaciones con la Iglesia´ y las ´Cartas´ que escribe entre 1845 y 1872. Pero el padre Palau tiene otros textos, el ´Catecismo de las virtudes´, ´Mes de María´, ´La Iglesia de Dios figurada por el Espíritu Santo en los Libros Sagrados´, ´Reglas y normas de vida para los hermanos y hermanas carmelitas´, etc., además de un buen número de artículos publicados en prensa y colaboraciones en los 176 ejemplares de ´El Ermitaño´, semanario político-religioso creado por él en Barcelona, (1868), que tuvo un notable eco y le creó no pocos problemas. Otro aspecto que conviene subrayar es que existe una gran diferencia formal entre sus textos pastorales (más trabajados) y los biográficos (más descuidados en su redacción, de carácter íntimo y que no estaban hechos para publicarse).
En todo caso, hay que decir que el padre Palau no estaba especialmente dotado para la pluma y escribía por necesidad. Muy dado a la hipérbole, suele cargar las tintas y es reiterativo. Amante del lenguaje dialogado, simbólico y figurativo, se ayuda de continuas imágenes que, en ocasiones, acompaña con dibujos hechos a lápiz. Los temas que toca oscilan siempre entre los dos polos que orientan su vida, contemplativa y misionera. Un tema central en sus textos pastorales, como él mismo dice, es «la fuerza de la oración en la borrasca que se abate sobre la Iglesia española». Y otro asunto que le ocupa es la defensa de su labor apostólica, tan mal interpretada ´por calumnias y autoritarismos´ que provocan su confinamiento en Ibiza. Tal como yo lo veo, ´Mis relaciones con la Iglesia´ es su obra más original, pero resulta extraordinariamente hermética y difícil. Su redacción la hizo en sus retiros del Vedrà, donde, con un lenguaje alegórico que recuerda el Cantar de los Cantares, se suceden visiones, apariciones, revelaciones, soliloquios, coloquios místicos, intuiciones, lances, ensueños, anhelos, confesiones y enfebrecidos credos eclesiales. Sin una secuencia que permita una lectura ordenada, el eremita describe para sí arrebatos, alucinaciones y experiencias de estricta intimidad. Posiblemente no sea éste el mejor libro para adentrarse en los escritos del padre Palau. Aconsejaría, más bien, la lectura de su correspondencia que nos descubre no sólo su personalidad y su pensamiento, sino los variopintos avatares de su vida, proyectos, éxitos y fracasos. Se conservan unas 150 cartas dirigidas casi todas ellas a personas de su absoluta confianza, caso de Juana Gratias, su discípula más allegada, Magdalena Calafell y Dolores Rovira.
Otras son para fieles que le piden consejos –caso de la escritora francesa Eugenia Guerin– o para las hermanas carmelitas de Lérida, Tarragona y Menorca. Algunas tienen como destinatarios a párrocos y obispos; y las hay, incluso, para San Antonio María Claret, la Reina Isabel II y S. S. Pio IX. En estas misivas, el padre Palau sorprende por su espíritu calculador y su pragmatismo cuando toca problemas económicos o legales –algo tendría que ver en ello su genética leridana–, así como su capacidad organizadora. Mezcla muy hábilmente el consejo espiritual y la discreción en el trato con las cuestiones más concretas que uno pueda imaginar, asuntos cotidianos en los que se implica de pies a cabeza. El místico de ´Mis Relaciones´ mantiene en sus ´Cartas´ los pies en el suelo. Y son especialmente emotivos y esclarecedores los mensajes que escribe en momentos delicados, caso de los que remite, confinado en Ibiza, a sus compañeros de Barcelona, Pablo Bagué y Gabriel Brunet: «Yo no veré en toda la vida sino persecuciones (...) No me dejarán tranquilo ni en la ciudad ni en el desierto porque no me toleran (...) Ayer hicimos en la iglesia de Ibiza una especie de comedia: atendidas las noticias que han corrido sobre mí, tenían el clero y el señorío ganas de oírme. Con este objeto convinieron en hacer la fiesta del rosario en el Convento de Santo Domingo donde había de predicar. Aunque la iglesia era bastante capaz, dos horas antes de la función ya estaba llena de gente, más curiosa que devota». En otra carta, (1855), habla de su predicación en la catedral de la isla y nos hace otra desconcertante confesión: «En esta Cuaresma predico en la Catedral de Ibiza, aunque de muy mala gana, porque son oficios de rutina. No puedo en modo alguno aficionarme a la gente de este país (...) Sólo amo el retiro y la soledad, cosas de las que aquí puedo hartarme». Y así podríamos seguir. Es una correspondencia, en fin, que no tiene desperdicio.