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Entronque con el origen: El Profeta Elías
Un elemento a tener en cuenta es la importancia que tiene para él la figura de Elías. Tiene conciencia clara de su herencia profética, inspirándose en la tradición carmelitana. La influencia se nota en su vida y en sus escritos. En su primera obra La lucha del alma con Dios, partiendo del texto de Santiago, que coloca como modelo al profeta y que dice lo siguiente: “rogad los unos por los otros para que seáis salvos. Elías era un hombre sujeto, como nosotros, a todas las miserias de la vida y, sin embargo, habiendo rogado a Dios con gran fervor que no lloviese, dejó de llover [...] y habiendo rogado de nuevo, el cielo dio lluvias y la tierra produjo su fruto” (St 5,16-18). Francisco Palau lo utiliza para animar a orar con insistencia y toma como modelo de oración al profeta; pero, sobre todo, encontramos ecos de esta experiencia en Mis Relaciones, las Cartas y El ermitaño. Para Francisco Palau, Elías es punto de referencia, tanto cuando se retira en las cuevas o en el monte para vivir su soledad y expresar su vocación contemplativa, como el profeta tiene su Horeb, El Vedrá, lugar privilegiado para encontrarse con su Amada, la Iglesia “Como carmelita como hijo de Santa Teresa no puedo menos que besar estas llaves que me tiene encerrado dentro de estos muros de aguas mediterráneas [...] Aquí tengo más de lo que pedía en mis dorados ensueños cuando joven, sobre vida contemplativa soñaba. Aquí tengo mi celda, mi cielo; aquí puedo con todas mis fuerzas emplearme como buen sacerdote con Dios Padre los asuntos y los intereses de Jesucristo y su Iglesia (Cta. 28 noviembre 1859; 6); del mismo modo es punto de referencia cuando habla de misión. Comenta así, en una de sus cartas: ”Sobre tres artículos voy a fijar tu misión: –le dice la Iglesia- [...] 1º La revelación de mis glorias al mundo 2º la restauración
de la orden del gran profeta Elías 3º la misión de este gran profeta en la tierra (MRel 819,29).
Cuando está de lleno en la misión del exorcistado y ya en su mente ronda la reforma de la Orden del Carmen, encontramos lo siguiente: “Yo soy el ángel de quien habla el capítulo XX del Apocalipsis; a mí me está confiada la custodia del pendón del Carmelo y la dirección de los hijos de esta orden [...] Vengo a ti enviado para instruirte sobre el porvenir de la Orden a la que perteneces para que sepas la misión que has de cumplir y su forma.[...] Elías, profeta grande, y los hijos de la Orden sois, y en adelante seréis mi dedo y el dedo de Dios y mi brazo en las batallas contra los demonios [...] Dios me ha enviado a ti que vives en los desiertos, atento a mi voz para instruirte acerca y sobre la materia y objeto del exorcistado” (Cta. Vedrá, agosto 1866,3.6). Como dato curioso, en este texto, relaciona la misión del exorcistado con la Orden del Carmen, será: ¿Por qué ve en la imagen del profeta que vela por la gloria de Dios el modelo de la lucha contra el mal?
Elías, también, es un santo de referencia a quien imitar. En una carta que escribe a Juana Gracias, desde el Montsant, le invita a contemplar la figura del profeta: (Cta. 15 julio 1851,7). En Elías ve la unidad de quien contempla al Señor en el monte y se vuelve celoso de su gloria: experiencia de Dios fecunda.
Como vemos, poco importa que los hechos históricos le hayan cambiado su suerte, él se sigue sintiendo hijo del gran profeta Elías y de Teresa de Jesús.
Resonancias teresianas

-Santa Teresa de Gregorio Fernández-

La Santa comentando la sexta morada se expresa así: “Está tan esculpida en el alma aquella vista que todo su deseo es tonarla a gozar” (M 6,1,1). Él lo expresa así: “Volvamos a la hija de Dios, la Iglesia. Las demás apariciones me dejaron con ardentísimos deseos de ver sus ojos abiertos y de que me mirara. [...] me miró ¡Ay que dulce fuera la muerte entonces! [...] Así, se fue y me quedé yo loco de amor y de afección” (MRel 727,3). El tema de “la mirada” expresado en el texto anterior, lo utiliza para expresar las relaciones con su Amada, la Iglesia. Para él “creer en la Iglesia es verla” (MRel 770,9) con los ojos de la fe. Sabemos que “la mirada”es un tema fundamental en la experiencia teresiana.
También, encontramos resonancias en los símiles que utiliza, Podemos señalar, entre otros, los de la cera y del espejo para figurar a la Iglesia, tiene una clara resonancia en la tradición espiritual, significa la unión y transformación del alma en Dios o en Cristo en consonancia con el término concreto de su amor: “Si la cera no pone impedimento, si está limpia, viene el fabricante, imprime la figura de una mujer,-la Iglesia- y aquella figura y la cera son una misma cosa”(MRel 913-914,9-10). En las quintas moradas, Teresa de Jesús se expresa así: “como el alma ya se entrega en sus manos y el gran amor la tiene tan rendida que no sabe ni quiere más que haga Dios lo que quisiere de ella [...] quiere que salga sellada con su sello; pues el alma allí no hace más que la cera cuando imprime otro el sello” (M 5, 2,12).
Al expresar su deseo de ver “cara a cara” a su Amada, la Iglesia, como a los grandes místicos se le escapa el grito: “¿Cuándo te veré sin velos, cuándo me recibirás, Iglesia Santa; en tu virginal seno? Sin ti yo no vivo, sino que muero” (MRel 733,7). Es la expresión clásica del “vivo sin vivir en mí”. Podríamos ir señalando algunas más, pero éstas nos pueden servir como indicadores para confirmar lo que estamos indicando.
Otro de los libros que podemos destacar para establecer resonancias es La lucha del alma con Dios. Recordamos que el contenido del libro gira en torno a dos ideas básicas: la descripción pesimista de la Iglesia, en particular, la Iglesia española, y la forma de aplicar el remedio a tantos males: la oración. Al hablar de oración no alude a sistemas particulares pero da prioridad a la oración personal con preferencia por la oración meditativa. No le interesa tanto cómo se ore, le interesa trazar un plan de vida, basado en la práctica general de la oración. Se dirige a los que se preocupan por vivir una vida cristiana. Se aprecia sin dificultad que en el fondo está latente, no sólo la formación carmelitana del autor, sino la forma de oración al estilo teresiano.
Si pensamos, un poco, sabemos que la finalidad de Camino de perfección, según las propias palabras de la Santa, es la siguiente: Dándose cuenta de algunos de los males de la Iglesia nos dice: “me determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo [...] ocupadas en oración por los defensores de la Iglesia” (CP 1,1).
Uno y otra proponen la oración como medio para que repercuta en bien de la Iglesia. Éste es el pensamiento clave: Teresa de Jesús se dirige particularmente a una comunidad religiosa, Francisco Palau a todo aquel que quiera servir a la Iglesia, expresando que un modo de servir a la Iglesia es la oración y el sacrificio.
Refiriéndose a la Santa nos comenta: “De Santa Teresa de Jesús, nuestra paisana y doctora de la Iglesia, sabemos por sus mismos escritos que se propuso en la oración alcanzar a Dios la conservación de la religión católica en España y que no la infestara con su infernal aliento la bestia inmunda del protestantismo, que hacía en aquel tiempo los mayores estragos en el vecino reino de Francia” (Lucha 113,29) y continúa afirmando: “para lograr el triunfo de la religión católica en España; [...] Santa Teresa a este fin conmovía todas las almas de oración; a este fin congregó a las monjas descalzas [...] y, precisamente, nuestra lucha es la misma que entonces, pues la impiedad que ahora combatimos no es más que el resultado de la pretendida reforma o desbordamiento general que abortó Lutero y todos sus secuaces”(Lucha 145,28).
Recogiendo algunos textos del Catecismo de las Virtudes y de las Cartas, analizaremos uno de los elementos fundamentales en la experiencia carmelitana: la oración. La oración palautiana, que vive y transmite Francisco Palau, tiene todos los rasgos de la oración teresiana. No podemos olvidar que su experiencia orante hay que leerla desde su relación con la Iglesia. Ella es la necesidad de su oración, el motivo que la sostiene, la realidad digna de ser contemplada. Las relaciones con la Iglesia son las que le van cambiando la vida “Quedé tan cambiado y tan nuevo, que su presencia renovó alma y cuerpo” (MRel 725,3).
Si nos detenemos en la definición teresiana de oración: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”
(V 8,5). Encontramos que Francisco Palau define la oración de la siguiente manera: “La oración es un trato íntimo, familiar que el hombre tiene con Dios” (Cat 304). Por tanto resuena el trato amigable, en soledad, que es don y deseo de comunicarse con el Amado/a. “Estas visitas no servían sino para atormentarme más, porque con ellas crecían los deseos de verla y relacionarme amistosamente con ella” (MRel 727,3).
Así ora y así enseña a orar, si cogemos la primera carta del epistolario que dirige a Eugenia Guerin, vemos que le invita a descubrir la propia interioridad, para introducirse en ella y permanecer allí, ante el Señor de la vida. Recordemos lo que nos dice la Santa al definir la oración de recogimiento dice: “llamase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios” (CP 28,4) y Francisco Palau de forma semejante afirma que: “la obra grande de Dios se labra en el interior” (Cta. 16 julio 1857,2). Siguiendo, el estilo teresiano insiste en que la oración tiene que transformarse en obras: “En esto de la oración, diré algunas cosas [...] antes que diga [...] qué es la oración: Tres cosas me extenderé en declarar [...] la una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra verdadera humildad” (CP 4,4). Recorriendo las Cartas que escribió a las primeras hermanas vemos que transmite el mismo calado para sus grupos. Las virtudes darán autenticidad a la oración y la oración irá purificando la vida, por eso les aconseja: “Os repetiré, muchas veces, aquellos consejos que forman el espíritu, según la vocación a que sois llamadas [...] son necesarias estas virtudes principales, obediencia, pobreza y la caridad de unas con otras (Ct 5 marzo 1853,1). También, a Juana Gracias le insiste: “la oración por las necesidades de la Iglesia sea corta y frecuente”.[...] “Imita a Jesucristo en esto y hallarás un verdadero Maestro y modelo de oración, síguelo en todos sus pasos: lo verás en el desierto orando por los hombres, en el huerto de los olivos agonizando por ellos, en la predicación socorriéndoles en las necesidades, en la cruz ofreciéndose al Padre como victima de propiciación” (Cta. 15 julio 1851,4.7). Recordemos como la Santa ora y aconseja que se haga de este modo: como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí” (V 9, 4).
La vida de oración es un camino teologal, que podríamos resumirlo en la “determinada determinación”. No deja de ser una actitud vital para responder con fortaleza y serenidad en las adversidades. Francisco Palau se expresa así: “Dios sabe cuán bien dispuesto estoy para servir a su Iglesia y que en asuntos de su gloria todo lo veo llano y fácil” (Cta. 28 octubre 1860,1).
En la experiencia teresiana es muy importante “la mirada”, también lo es, sin duda en la experiencia humana, cuanto nos puede expresar y transmitir. Haciendo caer en la cuenta al orante le comenta la Santa: “mire que le mira el Señor” (V13, 22). Explicándole el modo de orar a Juana Gracias, Francisco Palau, le aconseja: “Al entrar en la oración, por preparación puede servirte un acto de unión [...] esto abrirle el corazón y ofrecerse a cuanto exija y disponga de ti, e implícitamente un acto sencillo de amor o de unión basta presentarte a Dios y querer lo que Dios quiere. [...] Mírale, en este cuerpo que es la Iglesia, llagado y crucificado [...] ofrécete a cuidarle y prestarle aquellos servicios que están en tu mano. Mírale como Señor y dueño y rey” (Cta. 19 noviembre 1857,2).Tenemos que reconocer que“la mirada” es fundamental en la experiencia teresiana y en la experiencia palautiana.
Resonancias sanjuanistas
